viernes, 13 de julio de 2018

La puesta se abrío, apareció una chica de trentaipocos, con una pequeña melana rubía. No era una chica menuda, aunque tampoco era muy grande, y su atractiva cara, que recordaba al prototipo de sueca, mutó desde un un gesto de sorpresa a uno de odio en unos pocos segundos. Exactamente el tiempo que le llevo reconocer a Jaime después de tantos años.

- Que coño haces aquí- solto ella, con un tono de cabreo más que evidente. Todavía no había amenecido, Amaya se acababa de despertar y se había encontrado con la última persona con la que esperaba encontrarse. Y tampoco es que verlo fuese una alegría.

- Necesito tu ayuda- Jaime hizo una pausa -Mira, estoy metido en un buen lío y no puedo recurrir a nadie conocido.

- Pírate, no quiero saber nada de ti y menos si andas metido en algo chungo.
- Solo necesito descansar una horas, en serio solo eso. Estoy metido en algo serio, no es alguien que quiera partirme la cara, me quieren enterrado. Eres la única persona que conozco que nadie más sabe que ha tenido contacto conmigo.

Hizo una pausa para darle tiempo a pensar y añadió:
- Venga, solo dormir un rato, luego me voy.

La cara de la improvisada anfitriona empezó a suavizarse mientras su conciencia le hacía mella.
-Pasa, yo me voy a trabajar en medía hora. Te puedes quedar hasta las tres de la tarde, cuando vuelva no quiero verte.

viernes, 7 de diciembre de 2012

A veces pasa

Todo había pasado muy rápido, había empezado sintiendo una sensación de derrota. Se había acabado el juego y había perdido. No tenia  más cartas que jugar, Vargas era un tipo temible, le había visto darle una paliza a uno de sus matones, tipo de dos por dos, simplemente porque no llevaban los zapatos limpios para el servicio de escolta. Pero no era eso lo que a Jaime le hacia sentirse derrotado. Era la imposición, que era capaz de hacer  Vargas, de su voluntad sobre la del resto de las personas,  la gente hacía lo que les ordenaba, de una manera que parecía no natural. Solo con mirarlos asumía el puesto de jefe de la manada, rebajando a la sumisión absoluta a todo el que estuviese junto a el. Serían los años de experiencia dirigiendo a gente, obligándoles a torturar, matar y sepa Dios a que más. La gente se resignaba ante Vargas, como ahora estaba haciendo él, y como tantas veces le había pasado antes.

Al acercarse más a Vargas otra sensación empezó a inundarlo, la rabia. No podía ser, estos hijos de puta se saldrían con la suya, harían con la gente lo que les diese la gana, y todo daba igual y Santamaría muerto. La rabia creció más y más, ya le daba igual todo solo quería que la organización no se ganase, que por una vez las cosas fueran diferentes, que a Vargas se le quietase esa sonrisa  asquerosa.

Sin parar de andar metió la mano en el revolver y lo saco del bolsillo, apuntando hacía adelante, a Vargas. Vargas dejo de sonreír, durante un instante no se lo pudo creer, el pijo de las narices quería dispararle. Reacciono como había echo en otras ocasiones, en un gesto mil veces entrenado y ejecutado, echando mano a la pistolera en busca de su Beretta En una sola décima de segundo podía sacar el arma y disparar, con una precisión que solo se tiene después de muchas horas de galería de tiro..

Jaime disparo primero, y luego siguió disparando. Vargas cayó al suelo con la mano derecha yendo hacía el sobaco, recibiendo varios impactos. Jaime siguió disparando había el cuerpo, ya en el suelo, de Vargas. La pistola hizo clic y dejo de dispara, no quedaban balas. Vargas había dudado por primera vez y última en su vida, a veces pasa. Jaime se quedo mirando el cadáver con la pistola en la mano, no sabía que hacer, estaba dentro de una nube de adrenalina.

En pocos segundos su corazón bajo el ritmo, y Jaime solto el arma, al ser consciente de que estaba muy caliente después de todos los disparos. Entro en el coche y en pocos minutos estaba conduciendo por la carretera, sin rumbo y ni destino.

La magdalena

 -¡Tiene algo para acompañar el cafe jefe!- Grito Jaime, los primeros tragos del café, junto con el recuerdo de la sensaciones que atravesaron su cuerpo al ver y escuchar a Vargas le abrieron el apetito. La verdad es que llevaba muchas horas sin comer nada y ahora su cuerpo acababa de darse cuenta.

-Tengo algún bollo por ahí- respondió el camarero y señalo una caja de cartón, blanca y con alguna línea perdida azul y roja donde dormían el sueño de los justos unos cuantos bollos envueltos en sus fundas de plástico.

Se incorporo un poco apoyándose en la barra metálica, para ver mejor lo los tesoros que guardaba el mesonero. Unos cuantos productos grasientos de la mejor bollería industrial española, con rellenos y recubiertos de muchas cosas. En otro momento se podría haber comido cualquiera de ellos, pero prefirió la única magdalena normal y corriente que había.

-Deme la magdalena, por favor- El camarero dejo lo que fuese que estuviese haciendo y camino pesadamente, con un cierto bamboleo hasta la caja. Cogió la magdalena y se la sirvió en un plato a Jaime. Volvió a mirarle raro cuando le dio la mercancía. Luego siguió andando pesadamente hasta donde estaba antes, retomado las tareas de dueño de bar a  primera de hora de la mañana, fuesen la que fuesen.

Jaime preparo cuidadosamente la magdalena para poder comérsela, comprobó también su textura. Estaba un poco dura y quizás algo seca pero cumpliría perfectamente su función si la mojaba en el café. Mojó la magdalena y fue lo mejor que se había comido en toda su vida (y no podía decirse que en los último años trabajando para Ascelima). Pero es que no es lo mismo cuando has estado a punto de palmar.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Un Cafe

El café caliente sabía a gloría, pocas veces había deseado tanto comer o beber algo,  y encontraba miles de matices nuevos en el sabor. Era un simple café servido en una vieja y desgastada taza mediana, seguramente hecho con la marca de más barata que el dueño de la cafetería hubiese encontrado. Eso si, el camarero, un tipo cercano a los 50, no muy alto, calvo y con una ostentosa barriga llena de churretes, hacía patria. We veía claramente una brick de "Central Lechera Asturiana" junto a la mugrosa cafetera (eso si grande y de y de las de bar de toda la vida). También miraba raro a Jaime. Normal, alguien que aparece mientras abres el bar a las 6 de la mañana, vestido con un traje elegantemente destrozado, te hace desconfiar. Pero es que necesitaba ya el café, sino no podría poner sus ideas en orden.

Había dejado a Charlie en la cabaña y se había puesto a andar en dirección a la civilización, atravesando el bosque a paso rápido, sin  reparar en su entorno. Es verdad que iba, digamos que algo zombi, sin tener toda la mente activa. No tenía un plan, sólo el profundo y solido deseo de salir de allí, de mantenerse vivo. Durante un buen rato anduvo y anduvo, mientras la noche se deshacía en madrugada.

Vaya, será posible, parece que voy a tener suerte, pensó Jaime. Había llegado a la carretera comarcal donde habían dejado el coche. En realizad junto a ella, aparcado en pequeño claro entre los matorrales. Estaba llegando, le sonaba ese tramo de carretera. Giro la última curva a la derecha, siguió avanzando por el desierto arcén, y vio el coche. Allí estaba el pequeño Renolt Clio rojo, totalmente destartalado, que habían tomado prestado para llegar hasta allí.

Se acerco al vehículo, solo estaba a unos pocos metros, quizas 20 o 30 y parecía que la suerte le sonreía, estaba tal y como lo habían dejado. Seguía aproximándose y entonces pasó. Entre el coche y él apareció Vargas, saliendo del bosque.

-Vaya, voy a tener que hablar seriamente con mi gente. Has llegado hasta aquí y haces más ruido que el hijo de mi vecina ensayando con la flauta- dijo Vargas, gesticulando con las manos de forma exagerada.

Jaime paró en seco. Estaba tan cerca. No podía ser, así iba acabar todo, no era justo.

-Venga, no acompáñame de vuelta a la mansión. Vamos a arreglar esto- dijo Vargas poniendo la mejor de sus sonrisas bajo su delgado y fino bigote. La verdad es que se daba un aire a un Fredie Mercury arrugado y entrado en años.

No sabía que iba a pasar a continuación, ¿se lo llevaría a un descampado y lo liquidaría de un tiro?¿o le obligaría a volver a la mansión a ostias y luego lo torturaría? No lo sabía, pero empezó a andar hacía Vargas...


jueves, 20 de septiembre de 2012

La cabaña

Miró a Charlie resoplando y con el rostro agarrotado. Se quedaba solo, estaba claro que Charlie de esta no salía. La herida que tenía en el estomago había dejado una mancha enorme sobre su polo amarillo, llegando a hasta sus muy trillados vaqueros. Pero el problema no era ese, el problema era el segundo disparo que le reventado literalmente la rodilla. Jaime no recordaba bien la escena, pero la carne y la sangre saliendo por la rodilla, hacía adelante, como un escupitajo macabro, se le había quedado grabado en sus recuerdos.

  -Venga tío, qué sales de esta,¡¡ joder!! - Intentaba animar a Chalie, y ya que estaba animarse algo a si mismo..
 -Por dios, que me toque diñarla en esta choza - Dijo Charlie. Sus  sangre se movía por sus dientes, creando una sensación grotesca.

Charlie estaba recostado encima de una cajas mugrientas, se habían podido refugiar una una caseta donde algún aldeano guardaba sus útiles de campo. Solo les llegaba algo de  luz de la luna, a través de un ventanuco sin cristales.

Jaime estaba de píe frente, con su caro traje Hugo Boss, que estaba entre reventado y muy reventado después de la huida campo a través. Había entrado en un estado de agarrotamiento, totalmente incapaz de salir de su estado de estupefacción. La adrenalina ya se había esfumado. Iban a hacer temblar las columnas del cielo, y el caso es que ahora el cuento épico se acababa antes de tiempo. No se hacía ilusiones, no iban a dejarlos con vida. Solo era cuestión de tiempo que la gente de Vargas los encontrase.

  -Tienes que pirarte, pero ya!!! - Gritó Charlie expulsando algo mas de sangre por la voca - Mira, yo ya no tengo ninguna oportunidad, pero tu puedes salir de esta. Si puedes poner a salvo ese "pincho", puede que tengas algo..

La llave USB les había salido muy cara, y iba a ser difícil que pudieran llevarla a algún sitio seguro.

 -No tengo ninguna oportunidad de salir de aquí, la única salida de este bosque es por el paso de Cabrales  , seguro que tienen a alguien esperando allí -Suspiró- No, creo que nos quedamos aquí los dos.

Charlie lo miró de arriba a abajo, luego hizo una pausa, cogió fuerzas respirando una buena bocanada de aire y aguanto su visible dolor. Se apreto con una mano en el estomago y con la mano derecha se busco algo en la pernera del pantalón.

 -Mira, se que es difícil, pero tienes que intentar salir de aquí. Por lo menos tienes que intentarlo -hizo una pausa- Dentro de un par de horas será de día y empezará a rondar gente por este bosquecillo, no creo que quieran liarla más, así que estarán casi todos buscándonos. Si llegas al paso de la Cabrales lo mas probable es que solo haya un par de tipos, puede que lo consigas -Saco algo de la pernera de su pantalon. Era un revolver, pequeño, y se lo paso a Jaime- Esta pequeñina está limpia y preparada para hacer cosas sucias. No podrán relacionarla contigo. Si sales de esta tírala en cualquier parte.

Jamie cogió el arma. Para su tamaño pesaba bastante, y estaba fría. Tenía una envoltura de esparadrapo en la empuñadura y en el gatillo, y no hacía falta ser muy listo para deducir que era para evitar dejar huellas. No, desde luego no era para defenderse de un atracador . A Jaime le pareció poca cosa, además el era abogado, solo había visto disparar en las peliculas, hasta hacía un rato, claro.

 Jaime lo miró saliendo en parte del estado de shock en el que se encontraba, su mente comprendía. Era cierto, era terrible, cruel y frio, pero era verdad. Pasaron unos minutos en silencio, en los que nadie dijo nada, al final Jaime habló.

 -Llevas razón, aquí nos cazarán como a conejos, pero saliendo tengo una oportunidad- dijo razonando en voz alta -Pero si consigo salir, volveré con ayuda a por ti.

Se hizo otro momento de silencio, ambos sabían que Charlie no tenia ninguna oportunidad. En el más que improbable caso de que Jaime escapase, no tenia a quien recurrir. En todo caso, tampoco podría llegar nadie a tiempo.

 -Me voy -dijo mirando el arma. No añadió más, en esa situación no existía combinación de palabras que se pudiese usar.
 -Suerte amigo -replicó Charlie- Y recuerda, se agarra fuerte la pistola, se levanta en dirección al malo y se aprieta fuerte el gatillo. Repetir hasta que no se mueva.

Jaime sorrió a su amigo y salio por la puerta.

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