viernes, 13 de julio de 2018

La puesta se abrío, apareció una chica de trentaipocos, con una pequeña melana rubía. No era una chica menuda, aunque tampoco era muy grande, y su atractiva cara, que recordaba al prototipo de sueca, mutó desde un un gesto de sorpresa a uno de odio en unos pocos segundos. Exactamente el tiempo que le llevo reconocer a Jaime después de tantos años.

- Que coño haces aquí- solto ella, con un tono de cabreo más que evidente. Todavía no había amenecido, Amaya se acababa de despertar y se había encontrado con la última persona con la que esperaba encontrarse. Y tampoco es que verlo fuese una alegría.

- Necesito tu ayuda- Jaime hizo una pausa -Mira, estoy metido en un buen lío y no puedo recurrir a nadie conocido.

- Pírate, no quiero saber nada de ti y menos si andas metido en algo chungo.
- Solo necesito descansar una horas, en serio solo eso. Estoy metido en algo serio, no es alguien que quiera partirme la cara, me quieren enterrado. Eres la única persona que conozco que nadie más sabe que ha tenido contacto conmigo.

Hizo una pausa para darle tiempo a pensar y añadió:
- Venga, solo dormir un rato, luego me voy.

La cara de la improvisada anfitriona empezó a suavizarse mientras su conciencia le hacía mella.
-Pasa, yo me voy a trabajar en medía hora. Te puedes quedar hasta las tres de la tarde, cuando vuelva no quiero verte.