viernes, 7 de diciembre de 2012

A veces pasa

Todo había pasado muy rápido, había empezado sintiendo una sensación de derrota. Se había acabado el juego y había perdido. No tenia  más cartas que jugar, Vargas era un tipo temible, le había visto darle una paliza a uno de sus matones, tipo de dos por dos, simplemente porque no llevaban los zapatos limpios para el servicio de escolta. Pero no era eso lo que a Jaime le hacia sentirse derrotado. Era la imposición, que era capaz de hacer  Vargas, de su voluntad sobre la del resto de las personas,  la gente hacía lo que les ordenaba, de una manera que parecía no natural. Solo con mirarlos asumía el puesto de jefe de la manada, rebajando a la sumisión absoluta a todo el que estuviese junto a el. Serían los años de experiencia dirigiendo a gente, obligándoles a torturar, matar y sepa Dios a que más. La gente se resignaba ante Vargas, como ahora estaba haciendo él, y como tantas veces le había pasado antes.

Al acercarse más a Vargas otra sensación empezó a inundarlo, la rabia. No podía ser, estos hijos de puta se saldrían con la suya, harían con la gente lo que les diese la gana, y todo daba igual y Santamaría muerto. La rabia creció más y más, ya le daba igual todo solo quería que la organización no se ganase, que por una vez las cosas fueran diferentes, que a Vargas se le quietase esa sonrisa  asquerosa.

Sin parar de andar metió la mano en el revolver y lo saco del bolsillo, apuntando hacía adelante, a Vargas. Vargas dejo de sonreír, durante un instante no se lo pudo creer, el pijo de las narices quería dispararle. Reacciono como había echo en otras ocasiones, en un gesto mil veces entrenado y ejecutado, echando mano a la pistolera en busca de su Beretta En una sola décima de segundo podía sacar el arma y disparar, con una precisión que solo se tiene después de muchas horas de galería de tiro..

Jaime disparo primero, y luego siguió disparando. Vargas cayó al suelo con la mano derecha yendo hacía el sobaco, recibiendo varios impactos. Jaime siguió disparando había el cuerpo, ya en el suelo, de Vargas. La pistola hizo clic y dejo de dispara, no quedaban balas. Vargas había dudado por primera vez y última en su vida, a veces pasa. Jaime se quedo mirando el cadáver con la pistola en la mano, no sabía que hacer, estaba dentro de una nube de adrenalina.

En pocos segundos su corazón bajo el ritmo, y Jaime solto el arma, al ser consciente de que estaba muy caliente después de todos los disparos. Entro en el coche y en pocos minutos estaba conduciendo por la carretera, sin rumbo y ni destino.

La magdalena

 -¡Tiene algo para acompañar el cafe jefe!- Grito Jaime, los primeros tragos del café, junto con el recuerdo de la sensaciones que atravesaron su cuerpo al ver y escuchar a Vargas le abrieron el apetito. La verdad es que llevaba muchas horas sin comer nada y ahora su cuerpo acababa de darse cuenta.

-Tengo algún bollo por ahí- respondió el camarero y señalo una caja de cartón, blanca y con alguna línea perdida azul y roja donde dormían el sueño de los justos unos cuantos bollos envueltos en sus fundas de plástico.

Se incorporo un poco apoyándose en la barra metálica, para ver mejor lo los tesoros que guardaba el mesonero. Unos cuantos productos grasientos de la mejor bollería industrial española, con rellenos y recubiertos de muchas cosas. En otro momento se podría haber comido cualquiera de ellos, pero prefirió la única magdalena normal y corriente que había.

-Deme la magdalena, por favor- El camarero dejo lo que fuese que estuviese haciendo y camino pesadamente, con un cierto bamboleo hasta la caja. Cogió la magdalena y se la sirvió en un plato a Jaime. Volvió a mirarle raro cuando le dio la mercancía. Luego siguió andando pesadamente hasta donde estaba antes, retomado las tareas de dueño de bar a  primera de hora de la mañana, fuesen la que fuesen.

Jaime preparo cuidadosamente la magdalena para poder comérsela, comprobó también su textura. Estaba un poco dura y quizás algo seca pero cumpliría perfectamente su función si la mojaba en el café. Mojó la magdalena y fue lo mejor que se había comido en toda su vida (y no podía decirse que en los último años trabajando para Ascelima). Pero es que no es lo mismo cuando has estado a punto de palmar.